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de Flandes, cuyos diseños no producen efecto sino vistos de lejos. Enemigo del lujo y ostentacion, sobrio, quizás ałgo burlon pero sin acritud, fué amigo sincero y constante en sus afectos. Su conversacion rebozaba siempre de agudezas y alegría. Su elogio de la Locura le_acarreó desgracias pero tuvo un écsilo prodigioso; s0lo en Francia tuvo siete ediciones en pocos meses. Reyes y Obispos la honraban con su aprobacion. Tomas Morus, al cual estaba dedicada segun la carta producida á continuacion , le defendió, y Leon X. que se divirtió mucho con tal leyenda dijo sonriendose: «Tambien nuestro Erasmo tiene su grano de locura » Esta ingeniosa satira de todos los estados de la vida, desde el frayle de misa y olla hasta el Pontifice Supremo, está llena de alusiones delicadas á los pasos mas sobresalientes de los autores antiguos. La memoria de Erasmo es todavía tan grata en Bala, que ilustró con su residencia, como en Rotterdam que tiene la gloria de haberle dado vida. Bala enseña en un Gabinete